Agradar a la gente: una atracción fatal

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Lucas relata en el libro de Hechos la historia de cómo los primeros cristianos atendían las necesidades los unos de los otros. Menciona específicamente a un levita originario de Chipre, de nombre José, quien vendió una heredad y entregó el dinero de la venta a los apóstoles. José era de tanta bendición que los apóstoles le pusieron por sobrenombre Bernabé, que significa “hijo de consolación ”. Esto era algo bueno.

Había un matrimonio que aparentemente observó la buena obra de Bernabé y el reconocimiento que obtuvo por ello, así que vendieron una propiedad que poseían; pero algo les sucedió cuando recibieron el dinero de la venta. Si bien no podemos estar completamente seguros sobre lo que pensaron, Lucas nos narra el plan que concibieron: un plan que les costaría la vida.

Se hace evidente que el principal objetivo de esta pareja, Ananías y Safira, no era ayudar a sus hermanos con el dinero recibido, sino ser aclamados como Bernabé. Y eso no es lo peor.

Ellos decidieron guardar una parte del dinero de la venta para sí mismos. Quizá vendieron la propiedad por más de lo esperado, pero cualquiera que haya sido la razón, decidieron que retendrían algo de ese dinero para ellos. No habían hecho nada malo.

Como Pedro le explicó a Ananías antes que Dios lo matara, él era libre de hacer lo que quisiera con el dinero de la venta.

Suponiendo que el precio era el equivalente a $1000, si Ananías y su esposa hubieran decidido quedarse con $300 para ellos y donar el resto, habría estado bien, pues la iglesia habría estado contenta de recibir la cantidad restante.

Aquí es donde se hace evidente que su corazón buscaba la admiración de otros y se revelan los verdaderos motivos de su acción. Ellos querían que los consideraran tan justos como Bernabé, así que determinaron que darían a entender que lo que ellos entregaron era todo el dinero de la venta. Querían la alabanza de la gente y un poco de efectivo para ellos, ¿cuál era el problema? El problema fue que no estaban dando a los necesitados, se estaban dando un regalo a sí mismos. Creyeron que podían complacer  a la gente y mantener en secreto sus verdaderas intenciones. Mala idea.

Si tú vives para recibir la alabanza y la atención de la gente, estás con Dios. Él no compartirá Su gloria con nadie, y mucho menos con aquellos que favorecen su propia reputación aparentando servir a Su iglesia. No todos los que actúan de esta manera serán confrontados tan pronto como esta pareja, pero no te equivoques: buscar la adulación de la gente te conducirá al desastre. Esta historia es una lección de vida para ti y para tus hijos.

El elogio de la gente es una atracción fatal.


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Publicación original en http://www.shepherdpress.com/people-pleasing-a-fatal-attraction/

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Traducción: Noemí Vázquez, BCTA

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